lunes, 2 de enero de 2017

Inteligencia Emocional en el trabajo



Las emociones surgen como reacción a la interpretación personal que hacemos de un hecho o acontecimiento tanto externo como interno. Las emociones, a su vez, generan sentimientos que sirven como mecanismo comunicativo afectando al pensamiento y a las acciones de la persona.

Entre las emociones más frecuentes en el trabajo, podemos encontrar: la satisfacción, el entusiasmo, la confianza, la alegría, el pesimismo, el enojo, la desesperación, el orgullo, el miedo, la decepción, la ansiedad, la preocupación, la frustración, la incertidumbre, la culpa, la tristeza y muchas otras.

 Los eventos están exentos de significado emocional, somos nosotros que tras nuestra interpretación damos significado emocional y en ocasiones podemos distorsionar la realidad. Gestionar nuestras emociones no consiste en hacerlas desaparecer, consiste en entenderlas, regularlas y canalizarlas dirigiendo las situaciones a nuestro beneficio y el de la organización, por lo tanto, las emociones, no son ni positivas ni negativas, sino que depende de como se gestionen para sacarles provecho o no.


La correcta gestión emocional evita problemas en la comunicación, conserva y preserva las relaciones sociales, ayuda a prevenir conflictos y en el caso de que se den, ayuda a resolverlos. Sin una adecuada gestión de la emociones, puede dar lugar a problemas de desempeño y afectar de forma negativa a la productividad de la organización.

Como ya he dicho, las emociones y sentimientos afectan a los pensamientos y comportamientos de las personas, por lo tanto, si por ejemplo estamos enojados en el contexto del trabajo las personas que saben manejar el enojo en la empresa son mucho más exitosos que los que no saben hacerlo, ya que ésta puede llegar a ser una emoción muy destructiva y crear el llamado “efecto enojo” que influye negativamente en el clima laboral. El enfado afecta de forma negativa a la memoria, a la creatividad y la concentración se debilita, los pensamientos se transforman en acusatorios, exagerados, rígidos; se asume todo como un hecho, nos volvemos irracionales. Puede manifestarse con retrasos diarios, sabotear a un colega, convertirlo en rival y desechar ideas de compañeros de equipo.

"Organización 2.0 no pienso en una empresa con presencia y actividad en redes sociales, sino en un modelo de gestión caracterizado por una serie de atributos como: transparencia, participación, colaboración, innovación abierta en red, capacidad conversadora y espíritu (agilidad, informalidad, autenticidad, integridad, añadir valor genuino)." Andrés Ortega

Millones de personas experimentan los efectos dolorosos del enfado o el malestar, a través de enfermedades cardiovasculares, depresión, baja autoestima, migraña, alcoholismo, adicciones a drogas, baja productividad laboral y estrés crónico. Por esto, es muy importante concienciar a las empresas sobre el impacto favorable que podría tener desarrollar este tipo de inteligencia en su gente.


  Cómo se sienten los individuos, que emociones albergan, tiene un impacto muy importante en su comportamiento laboral

 Los sentimientos son un factor muy importante en el mundo de la empresa, aunque se tienda a pensar que no es así, ya que todos tenemos sentimientos y es una necesidad relacionarse, especialmente cuando consideramos la cantidad de tiempo que invertimos en el medio laboral.

Cada vez que los sentimientos son ignorados o minimizados, nos invade, la frustración, la desesperación, desconectamos, incomprendidos, enfadados, infravalorados…



Así, las organizaciones son el lugar perfecto para implantar las competencias de la Inteligencia Emocional, pues el ámbito laboral tiene un papel muy importante en la vida de las personas, por lo que nuestro estado anímico y emocional afecta de forma importante a la vida laboral y mejorando el Capital Emocional de la organización, aumentaremos, la motivación, la claridad de la misión, el compromiso con los objetivos de la empresa, lo que dará lugar a  un incremento de la satisfacción personal y de la productividad, ya que mejorará el clima laboral y se reducirá el absentismo y la rotación de personal.

Si mejora la autoestima de los individuos, habrá una mejor disposición y flexibilidad hacia los cambios por un mejor manejo de los miedos y de la incertidumbre. Con este panorama, gestionar cambios de cultura de empresas por fusiones será mucho más ágil y efectivo. 




que el Capital Emocional en la organización es importante es indiscutible y puede convertirse en una fuente de energía positiva o negativa; esto dependerá de la Inteligencia Emocional de la gente.

 Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar

lunes, 26 de diciembre de 2016

Madres y padres más capaces

 Para mejorar nuestros habilidades como madres y padres, es importante hacer un balance interno de cómo actuamos y de los efectos que tienen nuestras acciones.

dentro de nuestra rutina habitual, en ocasiones, actuamos de forma tan automática que no nos paraos a reflexionar sobre el impacto o la utilidad de muchas de las actuaciones que tenemos como madres y padres.



Tal como dicen, la experiencia no sirve de nada sino se reflexiona sobre ella, os propongo una serie de preguntas reflexivas alrededor de nuestras funciones como educadores.
Son una serie de preguntas que nos van a ayudar a:

  •  Hacernos conscientes de nuestro aprendizaje como madres y padres. 
  •  Nos ayudan a encontrar e identificar nuestras limitaciones, nuestros talentos, estrategias y conocimientos previos y nuevos.
  • Con estas preguntas aprendemos como madres y como padres analizando nuestro propio pensamiento. 
  • Son preguntas que nos van a permitir cambiar nuestra óptica sobre cómo actuamos con nuestras hijas e hijos, 
  • nos van a permitir trazar una estrategia para lograr un objetivo a más largo plazo y no solo solventando el día a día, de forma mecánica y automática.
  • Nos va a ayudar a no reaccionar de forma impulsiva y a reflexionar sobre cuál ha de ser nuestra actitud en cada momento.
  • Nos va a proporcionar algo que el ser humano busca desde tiempos inmemoriales: el control de la situación. Si decidimos de forma consciente cuál va a ser nuestra respuesta, independientemente de los resultados obtenidos, tenemos la sensación de control, la sensación de que no son los acontecimientos los que nos dominan, arrastran y llevan a su terreno.

        Yo decido cómo actuar, yo cojo las riendas de mi vida.

Preguntas  de este tipo hay muchas, solo os dejo un pequeño recopilatorio:
  • Nos hacemos conscientes del tipo de pensamiento que utilizamos para enfrentarnos a los problemas 
    • ¿Qué he aprendido?
  • Describimos la estrategia empleada 
    • ¿Cómo lo he aprendido?
  • Evaluamos la efectividad de las estrategias empleadas 
    • ¿Qué ha sido lo que más me ha costado y lo que menos?¿Lo más y menos eficaz?
  • Podemos planificar y adelantar futuras intervenciones con nuestras hijas e hijos. 
    • ¿Cómo puedo mejorar? ¿Cómo puedo evitar el error y ayudar a todos a crecer?
  • ¿Para qué me ha servido este año? ¿Soy mejor padre y persona que hace un año? ¿Qué he aprendido? ¿Qué cosas debo modificar este año para que mi familia funcione mejor? ¿Qué debo cambiar?
  • ¿Qué ha sido lo más difícil? ¿Y lo más fácil? ¿Y lo más entrañable o divertido? ¿Soy capaz de mejorarlo?
  • ¿Cuáles son los errores que más se han repetido este año con mi hija/o?
  • ¿Qué puedo hacer para que mejore la convivencia en mi familia? ¿Qué puedo hacer para que mi familia sea más feliz? ¿Es mi hijo feliz? ¿Qué he hecho que no ha contribuido a que mi hija/o sea una persona segura y que puedo hacer para ayudarle?
  • ¿Qué he hecho para que mi hija/o se involucre en su cambio y para que aprenda a solucionar sus propios problemas y no sea dependiente de mi?
  • ¿Hemos sido una familia/equipo o cada uno de nosotros ha buscado su camino por separado?

Dentro de nuestras obligaciones como madres y padres está la de educar a nuestras hijas e hijos de forma que les facilite la integración social en la sociedad en la que vive, por ello, es importante aprender estrategias para educar mejor a nuestros hijos e involucrarlos en el proceso, par así, aprender por ellos, aprender con ellos y aprender de ellos.

Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar

lunes, 19 de diciembre de 2016

Comparación y competición



Tal como ya comentaba en mi anterior artículo sobre la competitividad, existe una conducta que genera un gran malestar a las personas muy competitivas, esa es la comparación.

Sin duda, es una conducta de lo más saludable y nos va a permitir tener puntos de referencia en nuestras vidas, pero sólo eso, puntos de referencia. Si valoramos nuestros resultados en función de si hemos ganado o perdido respecto a los resultados de los otros, comenzamos a pensar de forma irracional.
Cuando usamos la comparación con otros para poder confirmar internamente nuestra superioridad o inferioridad en función de los resultados de otros, comenzamos a sufrir emocionalmente, pues la mirada no está puesta en mi esfuerzo y dedicación, sino que doy demasiada importancia a la valoración que me llega desde fuera, así, sustituimos la autovaloración por el reconocimiento externo, por lo que, nuestra autoestima fluctuará según nos llegue una información  u otra, haciéndonosdependientes de los otros.

Ante esta situación, la competitividad ha dejado de ser un factor positivo que nos estimula para autosuperarnos y se ha convertido en una necesidad para demostrar algo a los demás, y para demostrarnos a nosotros mismos nuestra superioridad.



Por todo lo anterior, no resulta muy complicado deducir que las personas competitivas suelen ser bastante inseguras y con escasa autoestima, ya que si hubiera un buen autoconcepto y autoestima y una correcta autovaloración, no existiría la necesidad de competir, ganar o demostrar algo.

Dar mucha importancia al éxito es convertirnos en prisioneros de nuestra propia imagen y vivir en un mundo lleno de tensiones.

Para evitar estos pensamientos que dan lugar a comportamientos competitivos desproporcionados, es recomendable:

• En lugar de compararnos que busquemos nuestro propio reconocimiento.
• No poner tanta atención en el resultado, disfrutemos más del proceso.
• No hacerlo para ganar y si por mero disfrute, porque nos satisface.
• En lugar de estar pendientes de qué pensarán los otros, nos centramos en nosotros.
• En vez de competir, veamos qué podemos aprender de la otra persona.



Se mire desde donde se mire, no deja de ser un trabajo de autoaceptación, un trabajo para liberarnos de la esclavitud de la opinión externa, para no caer en la competitividad con la intención de satisfacer el orgullo o la inseguridad y cambiar la comparación por admiración y reconocimiento a los demás.

Entiendo la dificultad de vivir sin competir, pero si no nos queda más remedio, por lo menos aprendamos tanto del fracaso como del éxito, dándole la importancia necesaria y sin apegarnos a ninguno de los dos, como dice Kipling.



Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar




lunes, 5 de diciembre de 2016

El problema de la competitividad


Existe una gran polémica alrededor de si la competitividad es buena o es mala. Es recomendable o no es recomendable. ¿Hay que estimularla en la escuela o en los más pequeños? ¿O de lo contrario erradicarla?

Pues bien, empecemos por el principio y por algo que a mi me gusta hacer antes de comenzar a debatir sobre un concepto: saber cuál es su definición, pue tendemos a hablar sobre un tema sin tener clara su definición.

Por competitividad se entiende la búsqueda de un resultado óptimo que esté por encima de otros resultados. Por lo tanto, competir, en principio, no es negativo, ya que implica una voluntad de superación y evolución.


¿Entonces? ¿Por qué tanta polémica? 


Sencillo, los problemas empiezan cuando se usa la competición para conseguir aprobación y admiración por parte de los demás. En esta situación, algunas personas son capaces de todo con tal de lograr la tan deseada aprobación y admiración por parte de los otros, llegando a competir en cualquier ámbito y con cualquier persona, ya sea hermano, pareja, amigo o, incluso, con la primera persona que se cruza en su camino.

Esa actitud es demoledora para la persona que entiende mal la competitividad. Mal entendida también por nuestra sociedad, donde ya desde el sistema educativo en todas sus fases, nos empuja hacia una competitividad insana, ya que fomenta la comparación, la automatización y el resultado en lugar de otros aspectos más sanos como pueden ser el proceso, la creatividad y las aptitudes e intereses personales.


Si a esto le sumamos la publicidad, la televisión, el consumismo… todo nos recuerda una y otra vez que tenemos que ser mejores y tener más que el vecino.

La competición mal entendida, mal utilizada se convierte en la búsqueda de un reconocimiento basado en la comparación y el fracaso de otros. Aspecto por lo que esa actitud nunca consigue una satisfacción real, no te hace sentir pleno, por lo que acaba atrapando en un círculo del que resulta complicado escapar: cansancio, estrés, envidia, malestar, ansiedad, inseguridad, perfeccionismo excesivo, comparación constante… son algunos de los efectos de una competitividad mal entendida o llevada al extremo.



 Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar

lunes, 14 de noviembre de 2016

lunes, 31 de octubre de 2016

6 cosas de tu vida que puedes controlar

Una actitud inteligente, racional y adaptativa sería aquella que se centrase en modificar aquellos aspectos de nuestra vida que estén A nuestro alcance. Si nos focalizamos en aquello que podemos controlar, nos acercamos más a la felicidad.

Pensad que tomamos una gran cantidad de decisiones a lo largo del día, de estás, aquellas que resultan ser positivas, son aquellas nos hacen sentir bien, son aquellas que, a pesar del esfuerzo que nos puedan conllevar, nos acercan un poco más a nuestros objetivos.

Así que para acercarnos más a la tan deseada felicidad, hay que dejar de lado aquello que no podemos controlar y utilizar nuestro tiempo y recursos en aquello que sí podemos dominar y controlar.

 La respiración


La mayoría de personas no somos conscientes de nuestra respiración, lo hacemos de forma tan automatizada, que perdemos la consciencia del acto de respirar. Al concentrarse en ella, la  respiración se convierte en una fuente de relajación, en un pensar a cámara lenta.



Ante una situación o acontecimiento desagradable, respira profundamente y centrate en tu respiración, no en lo malo o negativo de la situación. Cuenta cuando inspires y cuando expires. La mejoría es rápida. Luego, seguiremos trabajando el exceso de importancia que damos a las cosas que no son tan importantes.

El diálogo interno


Todos nos hablamos a nosotros mismos. Nos auto-felicitamos o auto-criticamos. Si esa auto-crítca es muy negativa y destructiva, es un escollo importante para lograr nuestra felicidad.
Si hacemos consciente el número de veces que nos auto-criticamos duramente a lo largo del día, alucinarás con la de veces que nos criticamos y la dureza con la que lo hacemos.


Hay un psicólogo que decía que si le habláramos a los demás tan mal como nos hablamos a nosotros mismos, no tendríamos ningún amigo.

Cambia ese diálogo interno por un diálogo en positivo, reconoce tus errores pero dales tintes de aprendizaje, convierte tus problemas en retos o desafíos. con estos cambios, tu actitud empieza a cambiar. Háblate con compasión, nadie es perfecto.

La gratitud


Se agradecido todos los días, contigo y con los demás. Ser agradecido y agradecer lo que tenemos nos ayuda a centrarnos en la cara optimista de la vida, reforzando tu perseverancia antes los retos y desafíos diarios.



Tu aptitud física y mental


Hacer ejercicio, moverse, pasear..., son situaciones que nos permiten no pensar en nada, desconectar de nuestra rutina diaria, y es que el movimiento ayuda a liberar tu mente y tu cuerpo para mejorar tu potencial creativo.



Entrena tu cerebro. Tan fácil como hacer un Sudoku, crucigramas,  leer libros de no ficción o incluso meditando, pues con unos pocos minutos de meditación, se aumenta la concentración, baja la ansiedad y el estrés e, incluso, disminuye el dolor físico.

La dieta


La comida basura hace a tu cuerpo y a tu cerebro lentos, el consumo excesivo de azúcar está relacionado con un montón de enfermedades, sin hablar de los cambios de humor que afectan también, a nuestra productividad.


Lo mismo ocurre con los alimentos procesados, que pueden causar o agravar enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad, e incluso el cáncer de mama. Corregir algunos hábitos e ingerir comida más sana y saludable como verduras o frutas, nos ayudará a mejorar nuestra salud y nuestro estado anímico.

El sueño




El sueño es fundamental para el enfoque, la concentración, el trabajo y el rendimiento académico, mantener tu apetito bajo control y una serie de otros resultados positivos para la salud.



Lo más importante es establecer una rutina de sueño. Si te cuesta conciliar el sueño y tu cerebro no puede calmarse, di para ti mismo: “Estoy orgulloso del trabajo que he logrado hoy, voy a dejar que mi cerebro y mi cuerpo descanse ahora.” Y disfruta de un buen descanso.

Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar


lunes, 17 de octubre de 2016

Cómo ser coherentes con nuestras hijas e hijos


Hay que reconocerlo, ser coherente con nuestras hijas e hijos no es tarea fácil. Nos falta coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. 

¿Qué es lo que no funciona?
  
Percibimos e interpretamos de forma muy diferente los comportamientos de las otras personas respecto de los nuestros. 

Cuando alguien no acaba un trabajo que tenía que hacer, es un perezoso, si no lo acabamos nosotros es porque teníamos cosas más importantes que hacer.

Cuando una niña o un niño llora o patalea, es un maleducado, o intenta llamar la atención, cuando somos nosotros que tenemos un mal y estamos tristes y de mal humor, entonces necesitamos consuelo, paciencia y comprensión.

No está permitido que los niños griten o digan palabrotas pero cuando nosotros las decimos, es o porque nos han provocado o porque si no es así, no nos hacen caso. 



Cuando nuestros hijos se pelean y pegan a otros niños les pegamos porque pegar está mal!!!!???? (No hay quién lo entienda). 


Cuando los otros son lentos nosotros somos meticulosos.

Cuando los pequeños defienden con fuerza lo que para ellos es importante es un egoísta y un cabezota pero cuando somos nosotros, defendemos nuestros derechos porque no nos queremos dejar pisotear.

Cuando alguien  llega tarde a una cita es un irresponsable pero cuando lo hacemos nosotros es porque estamos  muy atareados o porque los demás te han impedido ser puntual.

Como estos podríamos poner mil ejemplo, pero una cosa si nos tienen que quedar clara,  nos aclaramos o nuestros hijos se volverán locos con nuestras incoherencias y perderemos credibilidad!



Para controlar esas incoherencias, existen unas acciones que podemos hacer antes de hacer o decir nada sobre el comportamiento de nuestros hijos.

  • ¿Qué es lo que necesita en estos momentos? ¿Qué le riña o que le de ejemplo? ¿Qué lo castigue o le comprenda?
  • ¿Qué es lo que quiero que aprenda con mi actuación?

La educación basada en la coherencia se sustenta en tres valores imprescindibles:
  • El amor
  • El respeto
  • El sentido de la justicia

Si alguno de estos tres valores no está presente, falla nuestro proyecto educativo. 

Hay una serie de preguntas, basadas en estos tres valores principales que nos podemos hacer antes de cualquier intervención con nuestros hijos.

Con ellas conseguimos diferentes cosas importante. Por un lado, nos permite interpretar de forma diferente lo que ha sucedido, responder con más calma y tranquilidad y aplicar una conducta mucho más efectiva por intensa y duradera. 

Este tipo de preguntas van más allá de una simple forma correcta de comportarse y tratar a nuestras hijas e hijos, también son importantes porque tienen un fuerte impacto tanto en la estabilidad psicológica y emocional de tu hijo como en la estabilidad familiar.

  1. ¿Con mi comportamiento, ¿qué le estoy enseñando?
  2. ¿Me guía mi amor cuando le riño por un comportamiento negativo o lo hago por cansancio, ego o comodidad?
  3. Si continúo haciendo lo que hago, ¿se arreglará el problema?
  4. Mis métodos educativos, ¿fomentan o rompen mi relación con mi hijo?
  5. ¿Podría hacer lo que hago utilizando métodos más respetuosos con mi hijo?
  6. Cuando mi hijo me obedece, ¿lo hace de forma forzada, obligado o temeroso más que por convicción?
  7. Con mi intervención, ¿le estoy enseñando a solucionar sus problemas o lo hago dependiente de mí?
  8. Con mis palabras, ¿lo ayudo a crecer en seguridad o estoy minando su autoestima?
  9. ¿Cuál es el verdadero motivo de su comportamiento? ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Su comportamiento o los sentimientos que han generado ese comportamiento?
Haz lo que amas, ama lo que hagas

Toni Aznar