Para este
fin de semana os dejo esta historia de la que podremos sacar unas
ideas muy interesantes
que nos ayudarán a ser, cada día, un poco
más feliz.
Aspectos
como:
Se cuenta
que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían
con el tonto del pueblo. Un pobre infeliz, de poca inteligencia, que
vivía de pequeñas dádivas y limosnas. Diariamente ellos llamaban
al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos
monedas: una grande de 400 reales y otra menor, de 2000 reales. Él
siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de
risas para todos.
Cierto día, alguien que observaba al grupo le
llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la
moneda mayor valía menos.
- “Lo sé”,
respondió. “No soy tan tonto. Ya sé que la que cojo vale cinco
veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguecito acaba y
no voy a ganar más mi moneda”.
Esta
historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se
pueden sacar varias conclusiones:
- Lo que piensa una mayoría de personas ni siempre implica que sea cierto y no estén errados.
- Si un comportamiento me reporta algo bueno y positivo para mi, que más da lo que los demás piensen sobre mi.
Así, no nos dejemos llevar por lo que piensa una mayoría, "las mujeres son más guapas cuanto más delgadas están", " un hombre de verdad es duro", "tanto tienes, tanto vales"...
No necesitamos la aprobación de los otros para estar bien. Es agradable, me gusta, me hace sentir bien, pero no la necesito para estar bien. Esa sería una máxima de esta historia.
Pero la
conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aún cuando los
otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo
tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, si no lo que
uno piensa de sí mismo.
El verdadero
hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto
que aparenta ser inteligente.
Haz lo que amas, ama lo que hagas