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lunes, 3 de julio de 2017

5 etapas de duelo tras el fin de una relación


Ayer mismo, mientras daba un paseo con la familia por un centro comercial, me encontré con un amigo que estaba derrotado. Me comentó que lo acababa de dejar con su pareja y madre de su hijo. Su estado me hizo pensar y reflexionar sobre como las separaciones nos hacen sufrir muchísimo. El sentimiento de pérdida es brutal.

Desde mi punto de vista profesional, entiendo ese sufrimiento como producto de una valoración exagerada del valor que tiene nuestra pareja y nuestra relación, pero, indudablemente, hay personas que sufren muchísimo.

Acabar con una relación de pareja es complicado, porque el sentimiento que se experimenta es muy parecido al de una muerte de un ser querido y el proceso que se vive tras la “pérdida” también es similar.

Estas etapas, están siempre en todo proceso de duelo por una pérdida, ya sea laboral, sentimental o de otro tipo, siempre y cuando, a lo perdido le demos mucha importancia. Esa valoración es la definirá la duración e intensidad del duelo.

Si reevaluamos dicha importancia de forma más racional, el proceso de duelo se convierte en un proceso psicológico de despedida y crecimiento personal.

jueves, 17 de abril de 2014

Controlando la Ira.

Muchas personas reaccionan con rabia cuando se sienten amenazadas porque una situación es interpreta como una amenaza.

CAMBIAR EL PENSAMIENTO
En su acepción más positiva, la ira tiene como objetivo darnos fuerza para protegernos y poder sobrevivir. Pero muchas veces mostramos exacerbación cuando no la necesitamos. Esta emoción tiene consecuencias a nivel fisiológico, pero también conlleva que las personas a su alrededor se sienten incómodas, amedrantadas, con miedo y deseos de alejarse. Nadie quiere relacionarse con una persona que estalla de forma descontrolada y que dice y hace cosas que luego cuesta olvidar, y que en muchos casos condicionan el trato de por vida.

Esta forma de actuar tiene un claro desencadenante: el pensamiento
. El iracundo está valorando el contexto como algo terrible, y sinceramente no lo es, salvo que detrás de usted corra un lobo salvaje.