martes, 3 de febrero de 2015

Gestión de la tolerancia a la frustración


 
Sentirse frustrado es un estado y no significa serlo                    
Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar las molestias o incomodidades que nos causan. Por lo tanto, se trata de una actitud y como tal, se puede desarrollar, se puede aprender.

La frustración es el sentimiento que surge cuando no logramos lo que queremos o cuando suceden situaciones que no deseamos. Pero en ningún caso esa frustración acabará con nosotros, pues es una situación transitoria.


Siguiendo un artículo de  María José Dunjó, que te sientas un inútil no significa que lo seas, que no te sientas querido, no significa que no te quieran. 
Existe un un mito implantado muy profundamente en nuestra cultura y forma de pensar:                                     "Como yo lo siento es cierto". 
Esta forma de pensar es una forma de pensar errónea. Aclaro que es lícito sentirse como uno quiera sentirse,pero eso no significa que la conclusión que extraemos de esa sensación sea cierta. Estamos dando tanta importancia a un sentimiento, a un estado, que obviamos otros hechos o datos que lo podrían estar contradiciendo. Por lo tanto, transitar por una situación, un estado de frustración, no significa que seamos unos frustrados ni implica fracaso alguno y por eso, es importante no confundir la tolerancia a la frustración con la tolerancia al fracaso, ya que eso anularía el proceso de aprendizaje que conlleva.


En la infancia creemos que todo el mundo gira alrededor nuestro, que lo merecemos todo y en el instante preciso que lo requerimos. No sabemos esperar porque no tenemos desarrollado el concepto del tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Es entonces cuando se empieza a aprender a tolerar la frustración, cuando nos ponen límites y nos sentimos “despojados” de lo que “necesitamos” en un determinado instante. Si como niños no tenemos las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar ese malestar, al llegar a la edad adulta, seguiremos sintiéndonos mal cada vez que nos vemos obligados a posponer una satisfacción.

Sentiremos entonces que necesitamos eliminar inmediatamente ese malestar, haciendo lo más fácil o lo primero que se nos ocurra, pensaremos tan sólo en el bienestar a muy corto plazo, sin tomar en cuenta los resultados a medio y largo plazo. Por eso, ante cualquier incomodidad, nos desmotivaremos y abandonaremos nuestras metas y proyectos, restando importancia a nuestros auténticos deseos para supeditarlos a esa satisfacción inmediata.



¿Sin vacaciones?, ¿Yo?
Aprender a tolerar la frustración requiere paciencia, no en cuanto a tiempos de espera, sino  la fortaleza para enfrentar el dolor sin perturbarnos emocionalmente. La vida de los que toleran las frustraciones conlleva menos estrés y resulta más agradable, ya que podemos enfocarnos en convertir los problemas en oportunidades, teniendo más probabilidades de resolverlos, al no reaccionar con tanta intensidad ni escapar de ellos. Al aceptar mejor el sufrimiento y la incomodidad, sin dejar que nos perturbe excesivamente o más allá del momento. Sin evitar su afrontamiento.

La baja tolerancia a la frustración está relacionada con dos aspectos:
  • Una percepción exagerada, y errónea, de la situación que estamos viviendo. 
  • La creencia de que no podemos ni queremos vivir el malestar que experimentamos. 
La frustración forma parte de la vida y, aunque no podemos evitarla, podemos aprender a manejarla y superarla, aumentando nuestra tolerancia a la misma

Gestión de la frustración 

  • Distinguiendo entre deseos y necesidades. 
  • Evitando reaccionar como si los deseos fueran necesidades orgánicas, que necesitan satisfacción y alivio inmediato. 
  • Controlando los impulsos. Al sentir el impulso a hacer algo que pueda resultar perjudicial, pensar en los resultados que has obtenido cuando has reaccionado igual en circunstancias similares y en lo que has conseguido. 
  • Aprendiendo a soportar el dolor y el malestar con el pensamiento y otras técnicas de apoyo. 
  • Controlando el ambiente y los hábitos: evitando conductas adictivas, evasivas o compulsivas. 

Pero principalmente, pensando saludablemente. Esto es, valorar las cosas en su justa medida utilizando criterios válidos que nos lleve a actuar de forma saludable ante la situación en la que nos encontramos.

Haz lo que amas, ama lo que hagas

Un fuerte abrazo. Toni Aznar

2 comentarios:

  1. Excelente artículo, al cual regresaremos una y otra vez que necesitemos recordar que la tolerancia a la frustración es una forma de empatía con las otras personas y a la vez con uno mismo como persona

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    1. Me alegro de que te haya gustado el artículo!!!
      Sin duda, una buena tolerancia a la frustración es una gran muestra de generosidad, tanto hacia los otros,como hacia nosotros mismos.
      Gracias por leerme!
      Hablamos

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