lunes, 5 de mayo de 2014

Gestionar el sufrimiento


Las personas pensamos de forma muy curiosa.

Sufrimos frustrados por lo que desearíamos que fuera y no es, por lo que esperábamos que hubiera sido y no fue, por lo que queremos que sea y no llega, estamos viviendo en un pasado que ya pasó o un futuro que está por llegar y no disfrutamos del momento presente.

Esa falta de vivir en el tiempo presente, nuestro tiempo real,  hace que generamos pensamientos negativos repetitivos y nos anclamos en sentirnos víctimas, nuestro pesar aumenta y se vuelve adictivo. Nos sentimos víctimas porque tenemos la sensación de que  no controlamos lo que nos pasa en la vida,  y así es. No podemos controlar la gran mayoría de las cosas que nos pasan en la vida, lo que sí podemos controlar es cómo reaccionamos ante lo que nos pasa en la vida.

Cuando cavilamos mucho sobre lo que no funciona, nos agotamos mental y emocionalmente, acumulamos malestar y no podemos decidir con claridad. 
  • Si damos vueltas siempre a lo que no funciona, acabaremos agotados mentalmente.
  • Controlar los pensamientos negativos y tomar perspectiva posibilita el cambio y aminora el dolor.
Pero, si el problema lo interpretamos como una oportunidad, como la cara buena de la misma moneda, así, generaremos pensamientos constructivos, realistas, optimistas, estimulantes y estimuladores del cambio.


Podemos cambiar de rumbo si prestamos atención a lo que nos aporta bienestar, preguntándonos y conversando sobre qué solución nos beneficiaría más, adónde nos gustaría llegar, qué es lo que nos ilusiona. Como he dicho en la introducción, según sea nuestro discurso interior, contribuimos a sufrir más o menos.

Vivir sin miedo es la única forma
 de ser realmente libre.
Cuando uno padece, suele tener más preguntas que respuestas.Lo que ocurrió ya pasó, pero dejó herida, y con los pensamientos recurrentes de angustia, rencor o culpa nuestra herida no se cura. Entonces intentamos huir del sufrimiento. Huimos de él absorbiéndonos en las acciones.

  •  Lo ocultamos con consumismo, juegos de azar, adicciones, acontecimientos deportivos.
  • Tomamos decisiones por miedo a sufrir o huyendo, y dejamos conflictos por resolver.
  • No afrontamos lo que nos ocurre, no nos permitimos sentirlo. 
  • Escapándonos del dolor, este se acumula en nuestro interior, hasta que uno se encuentra deprimido o con necesidad de explotar.

Primer paso: escucharse

No incrementemos el sufrimiento dándole vueltas en nuestro interior. Los primeros pasos para sentirnos aliviados son escucharse; luego, comunicarse, escribir, pasear por la naturaleza, rodearse de buenos entornos para conseguir clarificarnos. 

Creemos tiempos y espacios para tomar perspectiva respecto a lo que vivimos. Paremos unos instantes varias veces al día y respiremos centrándonos de forma consciente en este acto. Practiquemos mirar y escuchar sin juzgar. Observemos. Reflexionemos. Meditemos. Tomemos distancia para no ahogarnos.


Si vivimos obsesionados por la satisfacción de lo inmediato y estamos permanentemente huyendo de los inconvenientes y de las adversidades, nos debilitamos
Una sociedad que elimina el sufrimiento huyendo de él es frágil porque se siente permanentemente amenazada. La sociedad occidental está orientada hacia el éxito. Sufrir se asocia a fracaso, a ser flojo, a no llegar, a sentir que uno no forma parte del sistema productivo y no sirve.

 Si uno está bien consigo mismo, le será más fácil estar bien en el entorno y con los otros. Si uno se siente cómodo no huirá de sí mismo. Gozará estando solo y también en compañía. Es en la soledad cuando uno puede escucharse mejor. El sufrimiento emocional nos indica que quizá estamos aguantando algo que deberíamos soltar. Tal vez hemos de aprender a decir no o sí, o a poner límites.
"Cuando la serpiente tiene que desprenderse de su piel vieja, escoge transitar por dos piedras próximas que le aprieten, le rasquen y le ayuden a eliminar su piel. Ese tránsito le provoca dolor, pero le ayuda a deshacerse de lo viejo para dar lugar a lo nuevo."
 Es el final de un proceso y el inicio de otro. Y en ese tránsito sufrimos. Si nos resistimos a atravesarlo, la angustia se incrementa, pues no soltamos lo que ya no nos aporta.

El sufrimiento nos indica que algo nuevo está naciendo. Si mantenemos puesta la marcha atrás, no avanzamos, podríamos decir que la herida se infecta. Si asumimos y pasamos el dolor, dejamos paso a lo nuevo. Hay que fluir aunque sea en mitad de la incertidumbre. No sabemos lo que nos espera después de ese cambio, y esa inquietud nos puede provocar una falta de fuerza interior, pero si somos conscientes de que no existe nada a lo que temer, recuperamos la confianza en nosotros mismos. El miedo siempre ha sido un potente limitador para controlar y someter a las personas.



Por ejemplo, uno puede sentirse invadido por el sufrimiento que le provoca la pérdida de un ser querido y estar años y años padeciendo. O bien, aunque haya perdido a un hijo, a una madre, a un gran amigo, puede conectar con los momentos llenos de sentido y felicidad vividos con ellos, y aunque probablemente habrá una sombra de dolor con el recuerdo, este no ocupará ni nublará todo.

Por lo tanto, compartir la dificultad, darle nombre y expresarla, aligera la carga. Es más fácil si lo identificamos, lo nombramos, lo escuchamos, lo miramos cara a cara y lo humanizamos.

En las sesiones de terapia, hemos de acompañar al que se encuentra en esta situación sin juzgarle. Una mirada amorosa que acoge y no juzga cuando uno se abre a ser escuchado y a compartir ayuda a expresarse para soltar el dolor acumulado en nuestro interior. Y cuánto más hayamos pensado que seríamos juzgados, si descubrimos en el otro ternura y comprensión, eso es profundamente liberador.

Tener dónde expresar y manifestar lo que nos angustia descarga nuestro peso

Se trata de transformar las adversidades y los monstruos, que son nuestros miedos, en aliados sobre los que cabalgamos. El mito de san Jorge es un ejemplo de transformación: el miedo y el dolor que simboliza el dragón se convierten en una cabalgadura que libera a la princesa. San Jorge no mata al dragón, sino que monta sobre él porque lo ha integrado.
"En una sociedad que nos prohíbe nuestras debilidades, ¡qué liberador es manifestarse vulnerable!”  (Javier Melloni)
Haz lo que amas, ama lo que hagas.

Toni Aznar

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